Cazando unicornios: la vida no viene con manual de instrucciones

“¡Eres un desastre!”, “A nadie se le ocurre”, “mira que eres tonto” “A estas alturas ya no tienes que cometer este tipo de errores”

¿Te suena?Cuando metemos la pata, comportándonos de una manera contraria a la que nos hubiese gustado, solemos igualarlo a nuestra valía personal y a nuestra calidad como personas. Nos condenamos y nos olvidamos que la vida no viene con manual de instrucciones.

No nacemos programados para saber actuar en todo tipo de situaciones. Y para más ‘inri’ en momentos similares volveremos a meter la pata y ¡no pasa nada!

Aunque nos cueste aceptarlo y nos presionemos con el “ya tenía que haberlo aprendido de la otra vez”, en muchas ocasiones (y me atrevería a decir en la mayoría) no es así.

Necesitamos más de un ensayo para poder dominar casi cualquier habilidad. ¿Te imaginas coger un violín por primera vez hoy por la tarde y mañana ya ser un gran violinista?

Oímos constantemente que los errores están ahí para aprender de ellos. Y así es, cada una de las experiencias que vamos viviendo nos dejan algún aprendizaje. Pero, a veces, tenemos que cometer el mismo error una y cien veces para aprenderlo.

Errar varias veces no te hace ‘tonto’ o ‘inútil’, sólo te hace humano.

Querer saber actuar correctamente siempre es como querer cazar unicornios, puedes empeñarte todo lo que quieras pero no lo vas a conseguir.

Es importante vigilar nuestro diálogo interno. Cuando un amigo comete un error, solemos tranquilizarlo con palabras cariñosas: “no pasa nada”;  “es normal que te hayas equivocado”; “la próxima vez lo harás mejor”…La historia cambia cuando somos nosotros los que nos equivocamos. Es común que nos digamos palabras que nunca le diríamos a otra persona.

Echarnos una bronca no va a hacer que lo aprendamos mejor y estemos más atentos para la próxima vez. Al contrario, lo que conseguimos siendo crueles con nosotros mismos es desmotivarnos y aumenta la probabilidad de que abandonemos aquello que nos proponemos.

Pequeños trucos:

  1. Intenta pensar en qué le dirías a un amigo si hubiese hecho lo mismo. Piensa en qué tono se lo dirías y qué palabras usarías.
  2. Elimina los “deberías” de tu discurso: Los “deberías” son demandas absolutas que nos hacemos a nosotros mismos o a los demás. El mundo es imperfecto, los demás, tú y yo también. Existen muy pocas verdades absolutas, cuanto antes lo aceptes, mejor.
  3. Usa el sentido del humor: Hay errores que pueden ser muy cómicos o que vistos objetivamente dan para reírte un buen rato contigo mismo, buscar esa parte resulta una manera muy sana de asumir tus imperfecciones.
  4. La filosofía del “Para bien o para mal…¿Quién sabe?”¿Nunca te ha pasado algo que creías que era muy negativo y al final resultó ser para mejor? Con los errores pasa lo mismo…Nunca sabes si rechazar esa oferta de trabajo o haberle dicho esa frase sin pensar a la persona que te gusta, es realmente un error. Quizá las consecuencias finales pueden ser positivas. Esa frase sin pensar acaba siendo lo que le haga pensar que eres genial o rechazar esa oferta hace que te propongan algo mejor…La próxima vez que creas que has cometido un error recuerda esto: “Para bien o para mal…¿quién sabe?”

“La única forma de dar una vez en el clavo, es dar cien veces en la herradura” – Miguel de Unamuno


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